con la luz de final de primavera
penetrando en la casa, entre la gente.
Inmóvil, parecía pensativa.
El tiempo que tenía que llegar
no se atrevía a entrar dentro de un aire
que no se resignaba a la tristeza.
Nos amparaba todavía aquella
leve sonrisa de tus labios fríos.
Fue la última tarde que el amor
mantuvo su ventaja. Después lo desbordaron
el dolor y la muerte, ya imparables.
Joan Margarit
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