Se ha desprendido el ceño de tu rostro,
el filo más tenaz de la estampilla se ha doblegado
y tú, después de liberarte del peso de tres lustros
y del ojo suspicaz del aduanero,
te arrojas a los brazos de la libertad. ¡La libertad!
Nada te echaba atrás,
ni tu firma, ni el hilo de Ariadna de tu suerte,
ni el mito al que habías recurrido, sagaz,
para multiplicarte.
El aguanieve te disuelve,
manos ajenas arrugan tu imagen descompuesta
y tus pies se atropellan.
(Pronto sentirás en tus carnes
la huella plúmbea del pie de la historia.)
¡La libertad! En el escaso espacio que ocupaste
reposa ahora un copo fresco de nieve
y permanece intacto unos instantes.
Jüri Talvet
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