y los engañosos dioses oyeron mi plegaria.
Nietos y tataranietos
he acompañado a la tumba
cada vez más envejecido. Ahora soy un ser gris e ingrávido
como un panal de avispas caído
zumbando de ideas suspicaces.
Nadie tiene fuerzas ya para recordarme.
Ahora sé que la suprema alegría
es morir en el círculo de los seres queridos-
refugiarse en el instante de los espasmos y el ahogo
en sus ojos lacrimosos.
Kjell Espmark
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