el hijo de un profeta.
No quiero ser
el amigo de un valiente.
Tampoco quiero ser
un soldado desconocido.
Sería, a lo mejor, un cobarde,
un irracional,
una rata desagradecida.
No quiero ser
pariente de los hombres:
Ustedes, humanos,
y sus sonámbulas lenguas
y pesados cerebros,
no paran de hablar
de los paraísos divinos.
Yo no los quiero
Quiero ser amigo
de mí mismo,
porque al menos soy bueno:
no sé hacer
perder el tiempo a los demás.
En mi tierra musulmana,
allá, donde las noches inspiran miedo,
y el sol quema sin piedad,
mi madre me dijo:
"Hijo, somos esclavos del pasado".
Lamentablemente,
mi madre me asustó.
Chejdan Mahmud. Sahara Occidental, 1972
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