Pasó tiempo antes de que se volviera hacia mí y nuestros ojos se encontraran. Cuando una sonrisa iluminó sus rasgos, corrí a su lado y le dije:
-Acepta que te acompañe.
-¿Qué te impulsa a ello? -me preguntó, a lo que respondí tras un momento de duda:
-Estoy cansado del mundo. Deseo huir de él.
Ella dijo con claridad:
-El amor del mundo es el núcleo de nuestra hermandad, y nuestro enemigo es la huida.
Y sentí que salía de la estación de la perplejidad.
Naghib Mahfuz.
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