Nada palpita bajo el hielo.
Pronto supe que dentro de tu piel fría
nunca habitó latido alguno
ni rumor de sangre.
Empieza, amigo,
por considerar al otro un fin
y no un medio
y tal vez te salves de morir congelado.
Carmen Beltrán Falces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario