Kirchweger, Aurea Catena Homeri.
Es triste,
niña pluvial de los asombros,
pero ya no estarás
en este sitio
donde trazamos cada noche,
sin agobios,
innumerables
diagramas y veletas.
Jamás lo imaginamos,
la adivinación continuada
por el agua,
te llevó desprovista
a la sorpresa,
y ahí,
en el lugar exacto
del origen,
recobraste en segundos
tu condición elemental
de transparencia.
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