"El católico -escribe- habla de amor, pero concibe siempre al otro por medio de un sentimiento de incompletitud: quiere, ante todo, "acabarlo". Por eso no acepta nunca al prójimo en su alteridad singular, en su ajenidad esencial; pretende darle un sentido, su sentido. No acepta, pues, al otro en su efectividad y no puede dejarlo crecer hacia la excelencia en su identidad singular. El otro es siempre algo imperfecto; hay que mostrarle la verdad (...)
P.Forget. De Revista Panorámiques.
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