martes, 8 de febrero de 2011

(...)¡Yo que creía que los viejos demonios estaban enterrados¡. Al oir esos argumentos, me acordaba de una discusión que tuve con André. Yo tenía entonces doce o trece años y él me había preguntado, sin venir a cuento: "¿Crees en los fantasmas?" "¡No¡" -había protestado yo, molesto de que hubiera podido creerme influenciable con respecto a semejantes tonterías-. "Pues haces mal. No estoy hablando de esos cadáveres con garras que deambulan de noche por los alrededores de los cementerios. Hablo de las ideas fantasmas, con tantas garras e igualmente sanguinolentas; te las encontrarás en todas las edades de tu vida y no podrás matarlas porque están ya muertas." Alegoría o no, mi cerebro de adolescente estuvo obsesionado durante mucho tiempo por esas ideas fantasmas; hasta el día de hoy sigo viéndolas y las persigo por todas partes con vehemencia, pero sin ilusiones. (...)

Amin Maalouf. De El primer siglo después de Béatrice.

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